Precisamente en este momento, millones de ratones, ratas, primates, gatos, perros, y otros animales se encuentran encerrados en jaulas en laboratorios de todo el país. Ellos sufren, se sienten solos, y desean ser libres. Sin embargo, lo único que pueden hacer es sentir miedo mientras esperan al siguiente aterrador y doloroso procedimiento que será realizado en ellos.
La total falta de calidad de vida y el estrés generado hacen que muchos de los animales desarrollen comportamientos neuróticos como caminar en círculos, balancearse de un lado a otro, arrancarse la piel, y hasta morderse a si mismos. Después de una vida sumida en sufrimiento, soledad y terror, la mayoría de estos animales es asesinada.
Hay varias formas de realizar pruebas que no involucren animales y que, precisamente, pueden suplantar a la experimentación con animales. Este tipo de pruebas no solo son más compasivas, sino que también pueden resultar más baratas, rápidas y adecuadas para los humanos.
Si bien la ley exige algunas pruebas en animales, hoy en día existen varios países que han prohibido la experimentación con animales para determinados productos. Hay prohibiciones de experimentación en animales para cosméticos en la Unión Europea, India, Nueva Zelanda, Noruega, y muchos otros países.
Millones de animales sufren y mueren como consecuencia de las pruebas que se les realiza, de los experimentos con fines educativos, entre otros
Más de mil millones de animales sufren y mueren cada año para probar químicos, medicamentos, alimentos, cosméticos, así como para realizar investigaciones médicas en las universidades. Hay muchos animales que sufren y mueren como consecuencia de experimentos para las clases de biología y disección, a pesar de que la tecnología actual ha demostrado muchas veces que las pruebas que no involucran animales tienen un mayor valor educativo y le ahorran tiempo a los docentes y dinero a las entidades educativas. No hay un número determinado de ratones, ratas, aves y reptiles que forman parte del 99 % de animales utilizados en experimentos y que mueren porque no están protegidos por ninguna ley de trato compasivo con los animales.
Algunos ejemplos de pruebas en animales son aquellos en los que ratones y ratas son obligados a inhalar sustancias tóxicas, en los que perros deben ingerir pesticidas, o en los que se inyecta químicos corrosivos a los ojos sensibles de los conejos.
Aun cuando un producto es dañino para un animal, el producto se venderá de todas formas al consumidor y viceversa. Si se comprueba que un producto no es dañino para los animales, esto no garantiza que sea seguro para los humanos.
Los animales son utilizados para pruebas de toxicidad realizadas como parte de programas de ensayos reglamentarios de gran escala, generalmente financiados con el dinero de los contribuyentes.
Los gobiernos y muchas organizaciones de caridad están utilizando el dinero de los contribuyentes y de donantes bien intencionados para experimentos con animales, en lugar de financiar estudios clínicos, in vitro, epidemiológicos y otros estudios prometedores que podrían ser útiles para los seres humanos.
Los experimentos en animales no sirven y no son efectivos.
Las enfermedades que se inducen artificialmente en animales de laboratorio, sean monos o ratones, nunca serán las mismas que se originan de manera natural en seres humanos. Y, dado que todos los animales son biológicamente diferentes entre sí, es aún menos probable que los experimentos en animales den resultados que puedan ser interpretados de manera correcta y aplicados adecuadamente a los humanos. Según el Dr. Richard Clausner, exdirector del Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU.: “Hemos curado el cáncer en ratones desde hace décadas, pero esto sencillamente no funciona en humanos”. Las mismas conclusiones fueron obtenidas por el Dr. Elias Zerhouni, exdirector del National Institutes of Health de EE.UU., quien reconoce que las pruebas en animales no sirven: “Nos hemos alejado del estudio de enfermedades humanas en humanos”. La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés) menciona “Actualmente, nueve de diez medicamentos experimentales fallaron en estudios clínicos debido a que no podemos predecir exactamente cómo reaccionarán en las personas basándonos en estudios en animales y en laboratorios.
¿Qué podemos hacer?
Evitar comprar cosméticos, productos de limpieza, medicamentos y productos probados en animales. Busca certificados que demuestren que el producto no ha sido probado en animales.